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Foto: Roger Schall |
En un acto público, ya que había que dar visibilidad al castigo y al castigado, y con la constatación fotográfica pertinente, las mujeres francesas acusadas de colaborar con el enemigo eran afeitadas. Las imágenes aparecían en la prensa para mayor escarnio de las víctimas.
El ritual solía llevarse a cabo en la plaza del pueblo o en un lugar público y cargado de simbolismo, y recuerda a la tradición medieval, y luego secular, de castigos-espectáculo: piras, quema de brujas o de mujeres adúlteras, ejecuciones…
La cabeza rapada desposee a la mujer de su feminidad, de ese adorno natural que la convierte en peligrosa, seductora e inmoral. Es, además, un rito de purificación, que borra de manera general la vergüenza y la humillación que supuso la Ocupación para los franceses, mediante la expiación, el sufrimiento y el castigo de algunos. Puede entenderse también como la reafirmación y retorno del orden, el de la dominación legítima y legitimada que los hombres, esta vez franceses y ya no extranjeros, ejercen sobre las mujeres y sus cuerpos, sobre los que tienen poder.
La asociación franco-alemana Corazones sin Fronteras se encarga de recuperar el pasado de cerca de 200.000 hijos e hijas del pecado, nacidos de las relaciones entre mujeres francesas y soldados alemanes. Esos «niños malditos», «cabezas de boche» o «bastardos», acarrean el estigma de sus madres y de una escandalosa venganza.
*La Ocupación alemana de Francia en la Segunda Guerra Mundial
tuvo lugar entre el 22 de junio de 1940 y diciembre de 1944.
*En 2009, Alemania aprobó conceder la nacionalidad a los hijos de sus soldados, unos 800.000 hijos de la guerra en toda Europa.


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