Queridas afganas

 


Seamos honestos y digamos la verdad. Digámosles a las mujeres afganas que se quedan solas, que su vida termina con la llegada al poder del régimen talibán, presidido por un clérigo. El segundo Emirato Talibán no pinta mucho mejor que el primero, son las mismas ideas envueltas en celofán.

En 1996, la comunidad internacional también se comprometió a proteger los derechos de las mujeres en Afganistán, pero lo que vimos fue una represión brutal.

29 normas que afectaron a las mujeres:

  • Prohibición total de trabajar fuera del hogar. Salvo unas pocas doctoras y enfermeras habilitadas para trabajar en algunos hospitales de Kabul.
  • Prohibición total de la actividad de las mujeres fuera del hogar a menos que vayan acompañadas de un mahram (pariente masculino cercano).
  • Prohibición de tratar con hombres comerciantes.
  • Prohibición de que sean atendidas por médicos varones.
  • Prohibición de que estudien en escuelas, universidades o cualquier otra institución educativa. 
  • Obligación de usar un velo largo (burka), que cubra el cuerpo de la cabeza a los pies.
  • Se azotará, golpeará e insultará a las mujeres que no vayan vestidas de acuerdo con las reglas de los talibán o a las que no vayan acompañadas de un mahram.
  • Mostrar los tobillos se castiga con azotes en público.
  • Lapidación pública a las mujeres acusadas de mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio. También los hombres serán apedreados.
  • Prohibición del uso de productos cosméticos. 
  • Prohibición de que las mujeres hablen o estrechen la mano de hombres que no sean mahram. 
  • Prohibición de reír a carcajadas. 
  • Prohibición del uso de zapatos de tacón o que produzcan sonido al caminar.
  • Prohibición de viajar en taxi sin mahram.
  • Prohibición de la presencia de mujeres en radio, televisión o en reuniones públicas de cualquier tipo.
  • Prohibición de que las mujeres practiquen deportes o ingresen a un centro o club deportivo.
  • Prohibición de desplazarse en bicicleta o motocicleta, incluso con sus mahrams. 
  • Prohibición de vestir ropa de colores brillantes. 
  • Prohibición de que las mujeres se reúnan para ocasiones festivas o con fines recreativos.
  • Prohibición de lavar ropa junto a ríos o en lugares públicos.
  • Modificación de todos los topónimos que incluyan la palabra «mujer». 
  • Prohibición de que las mujeres se asomen a los balcones de sus viviendas.
  • Pintura obligatoria de todas las ventanas, para que las mujeres no sean vistas desde el exterior de sus casas.
  • Prohibición de que los sastres tomen medidas o cosan ropa de mujer.
  • Prohibición de baños públicos femeninos.
  • Prohibición de viajar en el mismo autobús que los hombres. 
  • Prohibición del uso de pantalones incluso debajo de un burka.
  • Prohibición de fotografiar o filmar a mujeres.
  • Prohibición de mostrar fotografías de mujeres impresas en periódicos y libros o colgadas en las paredes de casas y tiendas.

No mintamos ni demos falsas esperanzas a las mujeres afganas. Digámosles alto y claro que están solas y caiga sobre todos nosotros el bochorno de consentirlo. Porque sí, estos días la reconquista de Afganistán por parte de los talibán nos ha sorprendido y molestado. Estamos inquietos, a la espera de acontecimientos, de que el nuevo orden mundial: Pekín, Moscú y Washington, se reorganice. No hicimos nada hace 20 años, y no haremos nada ahora. Durante unos días nos manifestaremos en las calles cabreados, exigiremos libertad y democracia para el pueblo afgano. Una vez tranquilizada nuestra conciencia, regresaremos a nuestros asuntos, conviviremos con la tiranía de los «señores de la guerra» y la sociedad afgana volverá a quedar desamparada, sin derechos, víctima de violaciones, torturas y abusos.

Durante las últimas décadas, Occidente ha dibujado un trampantojo de modernidad para el pueblo afgano, se les ha puesto el caramelo en la boca y se lo arrancaremos de las manos con una crueldad descomunal.

Dentro de nada, las mujeres de Afganistán desaparecerán de los titulares. Las olvidaremos, como antes olvidamos a las mujeres indígenas, a las bosnias, a las iraníes, a las somalíes, a las indias, a las tutsis y a las demás que tuvieron la desgracia de nacer mujer en el peor lugar.

Más allá de comunicados y palabras, es momento de hechos. Las personas que trabajaban en organizaciones internacionales y a favor de los derechos humanos y de las mujeres se subirán a un avión y regresarán a sus casas, pero las mujeres afganas regresarán al pasado, a la oscuridad de la casa de un mahram.

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