Las palabras olvidadas

 


Un 20 de febrero de hace ciento treinta años se estrenó «Lady Windermere's Fan». El patio de butacas del St James ardía por la calurosa ovación. Oscar Wilde, el autor que estrenaba ese día su primera obra, se situó en el centro del escenario y, ante el público que le aclamaba, pronunció estas palabras: «Celebro mucho que les haya gustado mi obra y los felicito por ese buen gusto. Estoy seguro de que aprecian mis méritos casi tanto como yo mismo».

Me faltan ironía y vanidad para proclamar tanto orgullo como siento por el éxito de «Las palabras olvidadas», pero no voy a cometer el pecado de ponerme seria. Wilde no me lo perdonaría.

 

¡GRACIAS! Al público, al Teatro de la Estación, a las actrices, a El Mantel de Noa, a Mariano Lasheras… Y un agradecimiento muy, pero que muy especial, a las autoras. A todas esas escritoras a las que hemos recordado y a las que, por razones de tiempo, no se han podido incorporar a esta historia de la Literatura universal revisada en clave de mujer. Porque se merecían este homenaje largo tiempo demorado. Sin su legado, al mundo le faltaría luz.



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