Se calcula que entre un 10 % y un 20 % de las mujeres sufre de lipedema. La lipedemia es una enfermedad crónica y degenerativa que se caracteriza por la acumulación atípica de tejido graso en las extremidades. La dolencia provoca intensos dolores y puede llegar a ser invalidante. Desde hace dos años, la lipedemia está reconocida por la Organización Mundial de la Salud, no obstante, alrededor del 70 % de los médicos de atención primaria desconoce su existencia y confunde sus síntomas con los de la obesidad, por eso recetan soluciones como una dieta o la colocación de un balón gástrico, en vez de tratar el problema como lo que es, un trastorno de origen hormonal.
La lipedemia tiene un componente hereditario y se vincula a las hormonas, aunque no se ha descubierto la causa exacta que la provoca. La mayoría de las pacientes comienza a sufrirla ya en la adolescencia. Hasta la fecha, solo tres hombres han sido diagnosticados de esta dolencia. Las piernas se desfiguran, son como dos columnas sin forma en la rodilla ni en el tobillo. El resto del cuerpo presenta unas proporciones normales.
La lipedemia produce malestar psicológico, ansiedad, frustración, pudiendo llegar a la depresión, pues aunque las pacientes cumplan las normas indicadas por el médico, el problema no se resuelve. También la imagen de sí mismas se ve afectada.
Una vez diagnosticada correctamente, la lipedemia puede
remitir por completo con el tratamiento adecuado: drenaje linfático,
liposucción y uso de medias de compresión especiales. Aunque dicho tratamiento
queda exento de la cobertura de la Seguridad Social.

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